Si nos remitimos a pensar los problemas estructurales de
la economía argentina, nos encontramos con las recurrentes crisis de cuenta
corriente, es decir, la insuficiencia de divisas para cubrir todas las
erogaciones que el país debe realizar (saldo de la balanza comercial, pago de deuda,
turismo de argentinos en el exterior, remisión de utilidades, atesoramiento y
fuga).
De todos estos puntos uno fundamental para analizar sus
aspectos técnicos es el saldo de la balanza comercial[1]
y ahí caemos irremediablemente en las explicaciones de Marcelo Diamand sobre la
estructura productiva desequilibrada[2]
que da origen a la denominada restricción externa, o al menos a una de sus
facetas[3].
Un enfoque compartimentalizado desde la ciencia económica
nos diría que para subsanar este inconveniente
de la restricción externa debemos aumentar las exportaciones por encima de las
importaciones, para, de esta manera, tender a revertir la situación de déficit
que genera un proceso de crecimiento económico con desarrollo industrial en una
economía con una estructura productiva desequilibrada.
Ahí se abren dos caminos con dos posibles soluciones, la
solución neoliberal conservadora corrige esto mediante una devaluación que
indefectiblemente conduce a una recesión que disminuye el poder de compra de
toda la economía a su capacidad de generación de divisas; esto claro esta, sin
considerar la transferencia de recursos que genera hacia los sectores cuya
actividad o patrimonio están dolarizados (proceso denominado por algunos
economistas como violencia monetaria[4]).
El otro camino es más de las escuelas económicas heterodoxas
e implica por un lado administrar el comercio controlando y/o demorando las
importaciones de poca importancia relativa para nuestra economía en busca de la
obtención de un saldo comercial positivo que resulte sostenible en el tiempo, mientras que, se fomenta mediante diversas herramientas el aumento de las exportaciones.
Desde este artículo proponemos otro camino para su
abordaje y este se inicia en el estudio y desarrollo de herramientas
provenientes del ámbito logístico[5].
En un trabajo previo propusimos la idea de logística genética (tomada de un
informe del ámbito de la defensa) entendiéndola como aquel conjunto de
actividades logísticas que tienen que ver con la génesis de los recursos que
permiten sostener una o mas operaciones logísticas[6].
A su ves, dividimos estas actividades logísticas en tres grandes grupos, las actividades de adquisición o compra, son las que nos permiten adquirir todos aquellos recursos que necesitamos para el normal desenvolvimiento de una operación logística, las actividades de producción industrial, son todas aquellas actividades que nos permiten producir todos los bienes intermedios y finales que necesitamos con el mismo fin, y las de investigación y desarrollo que son todas las actividades conocimiento intensivas que nos podrían permitir pasar de las actividades de adquisición a las de producción industrial[7].
Es muy importante destacar que en un análisis económico tradicional,
estas propuestas tendrían como fin el agregado de valor, la disminución de
costos y la diversificación de fuentes de aprovisionamiento entre otros
posibles con fines simplemente del ejercicio del lucro. Desde el punto de vista logístico y en este marco de análisis, el foco no esta puesto en estas
consideraciones que son de suma importancia, sino más bien, apuntan a lograr
grados crecientes de independencia respecto de otras operaciones
logísticas[8]
que no necesariamente se desarrollan en nuestro país.
Pero para pensar que dejar de adquirir y comenzar a
producirlo, lo primero es, impostergablemente, saber que es lo que se adquiere,
es decir, saber cuales son todos los bienes intermedios y finales así como las
materias primas que componen nuestra matriz de importaciones y cuya composición,
ordenamiento y alcance, desconocemos.
Lo segundo es conocer nuestra capacidad instalada, es
decir tener sistematizada de alguna manera la información que nos permite
conocer con un elevado nivel de detalle la capacidad productiva de nuestras
industrias.
Lo tercero e insustituible, es conocer con precisión como
se compone nuestro sistema científico y tecnológico, en principio
conociendo la disponibilidad de recursos
humanos, de infraestructura y equipamiento tanto en el ámbito publico como en
el privado.
A partir de ello personas con ciertos conocimientos
técnicos, logísticos, económicos y productivos pueden trabajar para la
construcción de los vínculos necesarios que nos permita aprovechar nuestras
propias capacidades y recursos para propender a subsanar la restricción externa
que sistemáticamente entorpece el desarrollo económico y en consecuencia humano
de nuestro país.
[1] Los otros aspectos
mencionados tienen connotaciones de orden sociológico, político, coyuntural,
histórico, etc, que revisten una elevada importancia para su analisis.
[2] Documento web: http://www.observatorio.unr.edu.ar/wp-content/uploads/2016/05/Diamand-1972-La-estructura-productiva-desequilibrada.pdf,
recuperado 29-09-2019.
[3] No es posible precisar
cual de todos los aspectos mencionados (saldo de la balanza comercial, pago de
deuda, turismo de argentinos en el exterior, remisión de utilidades,
atesoramiento y fuga), origina el saldo negativo pues es el resultado de la
interacción de todos, si es posible precisar cual desde el punto de vista del
actor que analiza tiene la mayor importancia o sobre el que se puede trabajar.
[4] LO VUOLO, Rubén.
Distribucion y crecimiento, una controversia persistente, Buenos Aires, Ciepp,
2009, p.163-164.
[5] FRATTINI, Facundo. DE LA LOGÍSTICA , Remedios de Escalada, Imaginante
editorial, 2019, p.91.
[8] Entendemos por operaciones
logísticas a un conjunto de actividades logísticas propias que permiten cumplir
con una función logística, que tienen un propósito y un responsable.
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