martes, 30 de julio de 2019

Otro abordaje propuesto para la idea de desperdicio haciendo foco en su impacto en el sistema económico

A menudo en el ámbito productivo en general tanto como en el ámbito logístico en particular, se trabaja sobre la idea de desperdicio. Bajo la noción de desperdicio tomada de la filosofía JIT (Just in time), propia del toyotismo como modo de organizar la producción, se considera a todo aquel recurso humano, material, económico y de tiempo que se gasta innecesariamente.

Se suele hablar para referirse a estos desperdicios de excesos en la producción, tiempos de espera, productos defectuosos, movimientos innecesarios (este puede ser inter planta o intra planta), inventarios excesivos, scrap en general e incluso recursos disponibles improductivos, etc.

Es importante destacar que bajo la filosofía JIT, se pretende alcanzar el ideal de stock cero, es decir alcanzar una situación en la que solo produzco lo que se demanda; aspiración que podríamos resumir diciendo solo debemos producir lo que se necesita, en el momento oportuno y en la cantidad necesaria, por lo tanto, producir de mas para aprovechar recursos humanos y de capital, ociosos, no seria una opción.

Antes de continuar nos resulta necesario introducir algunos conceptos claves; en principio diremos que en términos económicos podemos definir a la demanda agregada como el conjunto de bienes y servicios que demanda un país en un periodo de tiempo y a un nivel de precios determinado. Esa demanda agregada se contrapone a la oferta agregada que es el total de bienes y servicios que las empresas y los trabajadores puede ofrecer en un país en un periodo de tiempo dado y a un precio determinado.

Por su parte consideramos que hacer logística es dar o suministrar todos aquellos recursos que son requeridos para garantizar la realización de toda acción o tarea que entraña dificultad y demanda decisión y esfuerzo[1]. Por ende, si la demanda agregada es el conjunto de bienes y servicios demandados por un país, podríamos decir que nos resulta oportuno introducir el concepto de logística agregada como el conjunto de actividades logísticas propias[2] que permiten dar o suministrar todos aquellos recursos (bienes y servicios) que componen la demanda agregada.

Debemos entender a la logística agregada como el conjunto de todas las actividades logísticas propias que realizan las empresas logísticas[3] en tanto elementos constitutivos del sistema logístico que indefectiblemente debemos considerar como tributario del sistema económico[4].

En ese marco, en el que en el sistema económico generamos mediante todas las actividades de logística genética[5] y prevemos y proveemos mediante todas las actividades de logística de sostenimiento[6] todos los bienes y servicios que demanda el país en un periodo de tiempo dado, es que nos proponemos pensar la idea de desperdicio.

Y a este punto pretendíamos llegar, para realizarnos las siguientes preguntas:

¿Es posible pensar la idea de desperdicio como una fracción del total de esa demanda agregada provista por la logística agregada?. ¿Podemos empezar a pensar la noción de desperdicio en términos agregados?

Y a partir de una afirmación discrecionalmente realizada podemos conectar con otro conjunto de preguntas que son el núcleo central de la propuesta de este artículo.

1.- ¿Cómo sociedad consumimos el 100% de los bienes y servicios que generamos?.

En términos macroeconómicos es claro que esto no es así, y no solo no aprovechamos el 100% de los bienes y servicios que generamos, sino que nos podemos permitir tener desempleados una porción de los tres factores que componen la constelación de factores de la producción en los términos que proponen Castro y Lessa (recursos naturales, capital y trabajo)[7].

2.- Bajo la lógica anteriormente descripta ¿podemos pensar en la noción de desperdicio agregado como el conjunto de factores de la producción materias primas, capital y trabajo que desperdiciamos?.

Claramente si, y podríamos mencionar diferentes  ejemplos que nos permitirían entender esta noción de desperdicio agregado.

a.- Luces encendidas en domicilios particulares, comercios, fábricas y edificios públicos en momentos en que no son necesarias.

b.- Envases plásticos en lugar de envases retornables por ejemplo en bebidas gaseosas.

c.- Medicamentos vencidos que se desechan en casas particulares correspondientes a compras por cantidades diferentes a las indicadas en los tratamientos prescriptos o en consultorios y hospitales correspondientes a muestras gratis no utilizadas.

d.- Uso excesivo de productos de limpieza e higiene por un inadecuado diseño de los envases.

e.- Material pop que diferentes empresas generan en exceso (mayoritariamente las grandes empresas) porque pueden solventar la erogación correspondiente.

Podríamos seguir mencionando ejemplos, detallándolos y explicándolo pero en principio entendemos que queda sumamente clara la idea de desperdicio agregado e interesa destacar que todos los desperdicios particulares o sectoriales que componen el desperdicio agregado de una u otra manera, terminan siendo un costo del funcionamiento de nuestra economía independientemente del eslabón de la cadena productiva o de consumo que realiza la erogación final del mismo, es decir, quien lo solventa.

Para cuantificarlo, si por una falta de regulación, es posible vender gaseosas de 2,25 lts en envases no retornables, y si vendemos 2 millones de gaseosas en envases no retornable por día, y el costo del envase es de 4 pesos, como sociedad estamos gastando 2.000.000 envases/día x 365 días x $4 =$2.920.000.000.

Si, estamos gastando dos mil novecientos veinte millones de pesos por año en envases producidos que luego tiraremos en diferentes rellenos sanitarios y de los cuales, algunos con suerte, serán reciclados. A esto nos referimos cuando hablamos de desperdicio agregado y los casos que podríamos enumerar son demasiados.

El próximo artículo intentará dilucidar si cuando hablamos de reducción de costos estamos hablando de una reducción de costos real o un traslado del costo  a otros actores/sectores de la cadena de suministros.




[1] FRATTINI, Facundo. DE LA LOGÍSTICA, Tres de Febrero, Imaginante editorial, 2019, p.61.
[2] Ibidem, p.64.
[3] Ibidem, p.72.
[4] CASTRO BARROS, Antonio y LESSA, Carlos Francisco. Introducción a la economía, un enfoque estructuralista,
[5] FRATTINI, Facundo. DE LA LOGÍSTICA, Tres de Febrero, Imaginante editorial, 2019, p.66.
[6] Ibidem, p.67.
[7] CASTRO BARROS, Antonio y LESSA, Carlos Francisco. Introducción a la economía, un enfoque estructuralista,

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